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Nuevos retos en seguridad de producto

21 febrero, 2018 Consumidores, Empresas, Profeco, Seguridad de Producto

Por: Bernardo Altamirano Rodríguez (@baltamirano)

Los años 60 enmarcaron en el ámbito industrial y regulatorio de EUA uno de los debates más interesantes entre paternalismo y libertad individual, cuando Chevrolet estrenó el innovador y famoso Corvair. El activista Ralph Nader publicó estudios que concluían alta inseguridad e inestabilidad en todas las pruebas realizadas a dicho vehículo. La presión social y persistencia de dicho líder conllevó a que la industria automotriz elevara sus medidas de seguridad y que este debate y alerta se extendiera a prácticamente todas las industrias de productos de consumo. Este movimiento conllevó a la creación de la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo (CPSC, por sus siglas en inglés) que efectivamente tutela la integridad física y salud de los consumidores al prevenirlos de adquirir productos riesgosos o defectuosos. Por otro lado, surgió la voz del Nobel Milton Friedman, quien argumentaba que la mejor protección a los consumidores era el mercado, la competencia y los tribunales, y que estas medidas regulatorias eran paternalistas y sólo generaban burocracia y reducían la libertad de elección de los consumidores -cabe señalar que peritos gubernamentales, después de 10 años del estudio de Nader, confirmaron que el Corvair no representaba un riesgo diferente que el de otros vehículos, y que algunas pruebas estuvieron truqueadas. Durante estas 5 décadas, EUA se ha convertido en el modelo global de seguridad de producto, buscando los equilibrios entre todos los valores antes descritos y protegiendo la vida de los consumidores.

Las recientes reformas a la Ley Federal de Protección al Consumidor en México dan una nueva prioridad y exigibilidad al tema de seguridad de producto, el cual puede definirse como el conjunto de regulaciones que tienden a reducir el riesgo de daños involuntarios en productos adquiridos por el consumidor, como son electrodomésticos, juguetes, aparatos para bebés, textiles, etc. Ahora la ley establece procedimientos y actos que los proveedores deben realizar en caso de que identifiquen algún producto que pueda representar un riesgo a los consumidores, como son el caso de alertas, llamadas de revisión (recalls), retiro y destrucción de dichos productos, políticas de reparaciones y sustituciones, medidas de comunicación y divulgación tanto con consumidores, como autoridades, entre varios aspectos. Adicionalmente, la Profeco, en tanto autoridad responsable, contaría con nuevas facultades y las sanciones tenderían a ser mayores, incluso ordenar el arresto administrativo. Por último, se definen nuevas exigencias que la Profeco puede requerir a las empresas, lo que incide en los procesos organizacionales e industriales de éstas.

Este avance nos obliga a aprovechar la experiencia en otras latitudes y partir del reconocimiento que un mercado con productos seguros nos conviene a todos: consumidores, empresas y autoridades. Es un factor de confianza y de mayor intercambio comercial, que fomenta la innovación con calidad y reducción de riesgos. Llegar a condiciones adecuadas de seguridad implica una combinación de factores: un sólido sistema legal de responsabilidad por daños, consolidación de procesos industriales y comerciales, información útil para la toma de decisiones, así como medidas regulatorias y de cumplimiento que busquen mitigar los riesgos de mayor impacto contra la salud y vida de los consumidores. El primer paso consiste en crear confianza social en torno al principio de seguridad de producto, tomar medidas regulatorias racionales y evitar paternalismo y sobrerregulación. Esto implica avanzar en sólidas pruebas científicas y técnicas que permitan identificar objetivamente los niveles de riesgos o daños, y así evitar información sensacionalista que confunda a consumidores y mercado. Se imaginarán que ante el poder de redes sociales, una noticia falsa o tendenciosa puede ser grave en la decisión de los consumidores o fatal en la reputación de empresas. El segundo paso consiste en avanzar en la cultura y procesos de los recalls. Este terreno es uno de los más interesantes, pues empresas globales tienen desarrollados procesos muy sofisticados y medidas de control que esperemos se apliquen en México por igual.

Adicionalmente, esto propicia buenos ejercicios sobre la confiabilidad de productos a lo largo del tiempo. Por ejemplo, de una simple visita al portal de Wal-Mart en EUA, se observa una sección especializada de seguridad de productos y recalls en la cual podemos ver los llamados hechos recientemente, las marcas, los modelos, los lotes, etc., y así identificar qué tan confiables son marcas y productos (sería lógico que en México aplique el mismo criterio). Por último, en todas las grandes empresas que ofrecen al público diversidad de productos de consumo, desde tiendas de autoservicio y departamentales, hasta especializados, como jugueterías, electrodomésticos, productos para bebé, entre muchos otros, han desarrollado áreas de compliance internas cuyo objeto es fortalecer sus criterios de cumplimiento regulatorio y en particular mantener los controles de calidad frente a sus diferentes proveedores. Sin duda, la aplicación de la nueva regulación será un gran reto para la Profeco, quien podrá ser más eficaz en la medida que genere un proceso gradual, definiendo prioridades en coordinación con empresas y consumidores, y siempre comunicando a la sociedad el valor de la seguridad de producto.

Publicado por Reforma (26/01/2018)

Escrito por: Bernardo Altamirano Rodríguez

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