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Equidad y espacio público

19 diciembre, 2017 Ciudad, Espacio Público

Por Román Meyer Falcón (@MeyerFalcon)

Existe una relación entre equidad social y espacio público que funciona en ambos sentidos. El espacio público es definido como un bien común, un lugar de encuentro, comunicación y de relaciones, que se produce en forma conflictiva, fragmentada y contradictoria y que está definido por los usos y significados que los usuarios le asignan. Se trata de un elemento fundamental del orden urbano que, en su relación con el espacio privado, expresa la manera de cómo los habitantes usan y tienen acceso a los recursos sociales y cómo se define la relación entre habitantes e instituciones.[1] Además, la calidad del espacio público es uno de los pilares de la construcción de un sistema democrático.

Una forma de comprender los problemas relacionados con la estructura y calidad de este espacio en México es entender la estrecha relación que hay entre la falta de oportunidades de desarrollo de una población, dentro de un área geográfica determinada, y la cantidad y calidad del espacio público. Los espacios públicos de las zonas marginadas en las ciudades muestran en su alto grado de deterioro, suciedad y carencia de elementos arquitectónicos las condiciones de inequidad, de falta de crecimiento económico y de pobreza que padecen sus habitantes. Las zonas más desfavorecidas, carentes de un adecuado equipamiento urbano y de calidad de diseño propician que sus habitantes padezcan una valoración negativa de su entorno inmediato, de su barrio, de su colonia, de su ciudad e incluso, del país entero pues dichos entornos les demuestran que ellos han sido dejados de lado del desarrollo y de un futuro promisorio. En casos extremos, ello se traduce en una patologización de sus barrios, escuelas, calles, plazas, parques y demás sitios de sociabilidad.

La pobreza urbana es un complejo fenómeno multidimensional y socialmente construido, que acumula desventajas, construye estigmas y debilita la vida y la pertenencia a la comunidad. Este tipo de pobreza no solo hace referencia a la capacidad de pago del trabajador y su familia para acceder a bienes y servicios, sino a la oferta diferenciada de bienes públicos que ofrece la sociedad local y los gobernantes. Asimismo, les dificulta acceder a un suelo donde se pueda edificar una vivienda digna, con infraestructura básica y con equipamientos sociales como son centros de salud, centros educativos, espacios deportivos, culturales y de esparcimiento. Por ello en un contexto urbano de creciente desigualdad y exclusión social los espacios públicos juegan un papel crucial ya que cumplen con importantes funciones para el derecho a la ciudad.[2]

La crisis del espacio público está ligada a la ineficiente distribución de la riqueza exacerbada desde la crisis económica de los 80 así como a la serie de ajustes estructurales elevaron la pobreza urbana más rápido que la pobreza rural debido a que la población de las ciudades depende en mayor grado del ingreso por trabajo, mientras que la pobreza rural tiene ciertos apoyos federales.[3] Veámoslo con más detalle: siendo la decimocuarta economía del mundo tenemos 53.4 millones de personas viviendo en pobreza (con la medición más amplia). Contamos con uno de los peores sistemas de distribución del ingreso en el mundo: tan solo el 1% de la población más rica en México agrupa el 21% de los ingresos y el 10% más rico concentra el 64.4% de la riqueza del país[4].

La extrema desigualdad y la alta concentración del capital han frenado el potencial del capital físico, social y humano necesario para mejorar la calidad de vida de la población, frenar los problemas de inseguridad y con ello consolidar espacios públicos de mejor calidad. Veamos con más detalle las cifras de la pobreza: el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) indica que en el 2016 el 43.6% de la población nacional vivía en situación de pobreza, el 7.6% o 9.4 millones se encontraban en pobreza extrema. Existen además desigualdades regionales entre el norte y la zona sur-sureste, por lo que el crecimiento de ésta debería ser uno de los objetivos del país.

Otro componente esencial del espacio público, el transporte, también muestra la poca importancia que se concede a la mayoría de sus habitantes. En gran parte de la estructura urbana en México predomina el uso del auto particular, lo que subordina al espacio público en función del automóvil. Además, ello ha tenido lugar sin distinguir los diversos tipos, usos y calidades del ambiente, del paisaje y del patrimonio de nuestros entornos urbanos lo que degradado aún más el entorno de las zonas pobres de las ciudades.

En la actualidad todos los actores sociales reclaman el derecho al espacio público, sin embargo, su uso y la calidad de sus servicios y su entorno es totalmente desigual. Un indicador fundamental de ello es la apropiación informal de ciertos espacios con un fin de comercialización de productos y servicios. Así mismo, se observa el frecuente fenómeno de la privatización de calles y sitios que deberían ser de todos a través de desarrollo habitacionales de clases medias y altas con acceso restringido.

En el análisis de lo público, también es importante mencionar el déficit de áreas verdes en las ciudades, en especial en las llamadas “Zonas Metropolitanas”, debido a la importancia que tienen para el equilibrio ambiental. La Organización Mundial de la Salud recomienda de 9 a 16 m2 por habitante. Sin embargo, la Ciudad de México apenas tiene 5.3 m2, en la Zona Metropolitana de Guadalajara 3 m2[5] y en la Ciudad de Monterrey 6.37 m2. Su carencia se agudiza en los barrios de menor ingreso. En suma, existe una clara relación entre las oportunidades de desarrollo laboral, la calidad de la vivienda y los tipos de servicios y mobiliario del espacio público. El problema de los espacios públicos en la mayor parte de las zonas urbanas en México no es tanto la rehabilitación de ciertos sitios emblemáticos o monumentales sino de repensar el funcionamiento cotidiano de la vida en las ciudades y restaurar una función pública digna de todos sus espacios. Parece ser que solo interesan estos espacios cuando pueden ser apropiados o privatizados a título individual o grupal o cuando pueden ser objeto de intercambio por la vía de la corrupción.[6]

Todos los factores arriba señalados incrementan la tensión y los conflictos sociales provocando que los grupos marginados se sientan cada vez más excluidos de los espacios que deberían ser de todos y, por tanto, menos representados dentro del país en su conjunto. Como política se debe de garantizar la producción, el acceso y el uso del espacio público en condiciones de igualdad de oportunidades, así como mejorar y dignificar aquellas zonas de la ciudad destinadas a las clases menos favorecidas. Solo así se podrá promover la participación ciudadana, generar identidad nacional a la vez que sentido de pertenecía local. Estos son remedios significativos en la gran tarea de disminuir los conflictos sociales, mejorar los índices de seguridad, y avanzar en el ejercicio pleno del derecho a la ciudad.

Publicado en Animal Político __________________________________________________________________

[1] Patricia Ramírez Kuri, “Espacio público ¿espacio de todos? Reflexiones desde la Ciudad de México.”, en Revista Mexicana de Sociología Vol. 77, marzo 2015.

[2] Arturo Mier y Terán, “Pobreza urbana, segregación residencial y mejoramiento del espacio público en la Ciudad de México”, en Revista de Sociología, Vol. 14 agosto 2012.

[3] Araceli Damian, La pobreza en México y en sus principales ciudades, Los grandes problemas de México. Desarrollo urbano y regional, México, El Colegio de México, Cap. 5, 2010

[4]  Gerardo Esquivel, “Desigualdad extrema en México”, en OXFAM 2015.

[5] Universidad de Guadalajara, Déficit de áreas verdes en la Zona Metropolitana de Guadalajara, disponible en: http://www.udg.mx/es/noticia/deficit-de-areas-verdes-en-la-zona-metropolitana-de-guadalajara

[6] Emilio Duhau, Las reglas del desorden: habitar la metrópoli, prólogo. Siglo 21 editores, 2008.

Escrito por: Román Meyer Falcón

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