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CDMX, la ciudad dual

16 enero, 2017 CDMX, Ciudad, Urbanismo

Por: Román Meyer Falcón* (@MeyerFalcon)

La Ciudad de México, desde las alturas, parece no tener fin: un mar de luces y construcciones que se pueden ver sobre todo el horizonte, dejando en el imaginario colectivo lo que una vez fue una majestuosa ciudad edificada sobre un lago. Podemos decir que la historia contemporánea de la capital oscila entre utopías urbanas, visiones modernistas de planificación, así como el choque de fuerzas políticas y económicas por su control.

Para inicios del siglo XX personajes como Miguel Ángel de Quevedo, José Luis Cuevas, Mario Pani, Carlos Contreras Elizondo, entre otros, aportaron las bases de la planificación territorial a nivel nacional. Para ellos, el papel del Estado era visto, desde el comienzo, como un agente de previsión y control de todos los procesos vitales del país, en particular del económico. De este modo, la planificación de la capital tenía la intención de ser una herramienta vanguardista en beneficio del conjunto de la población, que buscaba que el desarrollo económico y la trasformación física del entorno urbano mejoraran las condiciones de vida de la mayoría mediante un proceso de redistribución y equidad.

Sin embargo, como muchas veces sucede, la realidad se colocó lejos de esta premisa. Una cosa es el instrumento teórico y otro, a veces muy distinto, lo que sucede en la realidad, donde prevalecen los intereses de una minoría. Como ha mostrado Michel Foucault  en sus estudios críticos del poder, la planificación tiene sus orígenes en el intento de control social, y la CDMX la institucionalizó a lo largo de los diferentes niveles administrativos con claros objetivos de control político, económico, social e incluso cultural. Históricamente, las autoridades de la capital defendieron en la práctica, los valores de una élite, resultando en una ciudad dual o, en otras palabras, la manifestación contemporánea de las urbes es su segregación social y económica. Como reflejo de esto en la CDMX el nivel de pobreza va al alza, y hoy 28.9 % de su población la padece.

Dentro de los contextos urbanos, vemos que el crecimiento económico puede dar paso a nuevas formas de inequidad. Y, debido a que las ciudades son la mayor concentración de capital público y privado invertido en forma de infraestructura, equipamiento, vivienda, servicios y demás elementos, estos son, por naturaleza, inequitativas. Hemos visto como en las últimas décadas, en las urbes, la globalización y sus modelos económicos han cimentado diferentes grados de complejidad en la organización territorial como: las metrópolis, áreas metropolitanas, conurbaciones, megalópolis y ciudades globales. Donde factores como la valorización del suelo, la redistribución del poder, la distribución de servicios, el desarrollo económico y la competitividad juegan a favor de un sólo interés: la concentración de capital.

Esta segregación socio-espacial extrema, que vivimos en la capital, ha dejado fuera a un importante sector de la población, forzado a buscar espacios habitables accesibles a las orillas de la Zona Metropolitana del Valle de México. Entender este espacio fronterizo, entre la capital y sus colindancias, como el marco de análisis, y dar lectura crítica del modelo de desarrollo, nos da, como habitantes, las herramientas para entender esta creciente disparidad y con ello poder demandar una ciudad más equitativa, donde el desarrollo no este centrado en algunas zonas, sino repartido de forma más equitativa.

A una mayor escala, la urbanización de la ZMVM sigue su continuo proceso y, es posible, que alcance los 37 millones de habitantes en el 2030 una vez que se dé la integración plena de Pachuca, Cuernavaca, Puebla, Tlaxcala, San Juan del Rio y Querétaro. Donde servicios e infraestructuras tan vitales como el agua, trasporte, seguridad, salud, educación, acceso a la vivienda y áreas de preservación ecológicas serán sometidos a una mayor presión y demanda de la que actualmente tienen. Con esta perspectiva de aglomeraciones extremas no podemos dejar fuera la enorme preocupación de garantizar un desarrollo que no favorezca solo a algunos, si no que vele por el interés colectivo de casi 40 millones de habitantes. 

Debido a que los problemas por vencer en el ámbito urbano, presentan similitudes a nivel global, donde la desigualdad, la migración, los asentamientos irregulares y el cambio climático son los principales retos. Debemos buscar frenar el desarrollo antagónico en nuestras ciudades, y fomentar modelos de crecimientos compactos, conexos, mixtos e incluyentes.  Para lograr lo anterior, se puede empezar con dos propuestas: a) mayor inversión en espacios públicos en aquellas zonas con potencial de crecimiento vertical, y mejorar el comercio y la vivienda de estas zonas; y, b) promover mayor densificación del suelo, con ello se reducen los costos de urbanización, aumenta la recaudación y se promueven mejores modelos de movilidad.

* Román Meyer es maestro en Gestión Urbana (UPC). Se ha enfocado en la administración de proyectos de diverso enfoque siempre vinculados a temas urbanos como son salud pública, movilidad, evaluación financiera, desarrollo inmobiliario, entre otros.

1 Castells, Manuel: La ciudad informacional. Madrid, Alianza Editorial, 1995.

Evolución y determinantes de la pobreza de las principales ciudades de México 1990-2010, CONEVAL, disponible en http://www.coneval.org.mx/Informes/Pobreza/Pobreza%20urbana/Evolucion_determinantes_de_la_pobreza_urbana.pdf

Los grandes problemas de México, Desarrollo Urbano y Regional, Gustavo Garza y Martha Schteingard, Colegio de Méxioc, 2010

Publicado en: http://www.animalpolitico.com/blogueros-c-al-cubo/2017/01/11/cdmx-la-ciudad-dual/

Escrito por: Román Meyer Falcón

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